CPAC Puerto Rico y el peligro del oportunismo ideológico
Thu,28 May 2026 23:36:00- Font Size
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Por años, muchos conservadores en Puerto Rico hemos esperado un momento como este.
La llegada de CPAC Latino a la isla debió representar una oportunidad histórica para insertar a Puerto Rico dentro de una conversación política seria sobre conservadurismo, libre mercado, seguridad, soberanía institucional, valores tradicionales y alineación estratégica con Estados Unidos.
No estamos hablando de cualquier evento.
CPAC no es simplemente una conferencia política más. Desde el ascenso de Donald Trump en 2016, el Conservative Political Action Conference pasó de ser un foro tradicional republicano a convertirse en uno de los principales símbolos del nuevo conservadurismo estadounidense. Allí convergen líderes, activistas, analistas, empresarios y figuras públicas alineadas con una visión clara: defensa del capitalismo, reducción del Estado, seguridad fronteriza, patriotismo y resistencia al avance progresista.
Precisamente por eso, la primera impresión importa.
Y lamentablemente, la primera impresión que proyecta la edición de CPAC Latino en Puerto Rico genera más interrogantes que entusiasmo.
Al revisar parte del listado de invitados y panelistas anunciados, resulta imposible no preguntarse cuál fue el criterio real utilizado para estructurar esta convocatoria.
Figuras como Thomas Rivera Schatz y Carlos “Johnny” Méndez representan poder político local, sí. Son operadores experimentados dentro del Partido Nuevo Progresista y ocupan posiciones de alto perfil institucional. Pero una cosa es ocupar poder político en Puerto Rico y otra muy distinta representar auténticamente el conservadurismo republicano estadounidense.
No son equivalentes.
Ni Rivera Schatz ni Méndez proyectan una trayectoria consistente de alineación ideológica con el movimiento conservador moderno asociado a Donald Trump o al ecosistema republicano nacional. Más bien, responden a la dinámica híbrida y profundamente contradictoria que caracteriza a la política puertorriqueña: estructuras de poder definidas no por filosofía política, sino por conveniencia electoral alrededor del estatus.
Ese es el problema de fondo.
El Partido Nuevo Progresista no opera como partido ideológico en el sentido tradicional estadounidense. Funciona como una coalición electoral donde conviven conservadores, liberales, demócratas moderados, republicanos circunstanciales y figuras cuyo único punto de coincidencia es la estadidad.
Ese diseño produce anomalías constantes.
Produce políticos que en Washington se presentan como aliados republicanos mientras localmente operan bajo parámetros muy distintos.
Produce contradicciones tan absurdas que ya casi parecen normales.
Y esa confusión termina exportándose a espacios que deberían tener mayor rigor ideológico.
La inclusión de Joanne Rodríguez Veve merece un análisis más matizado. Su historial legislativo sí contiene iniciativas compatibles con causas conservadoras, particularmente en temas de familia, libertad religiosa y defensa de la vida. Eso debe reconocerse. Sin embargo, incluso ahí persisten tensiones conceptuales vinculadas a visiones de país y relación política con Estados Unidos que merecen discusión honesta.
Pero si lo anterior genera debate, la invitación a Omar Fernández desde República Dominicana, el hijo de Leonel Fernández, expresidente de RD y líder del partido La Fuerza del Pueblo, un partido socialista e izquierda progresista sencillamente dispara alarmas mayores.
Traer como invitado a una figura vinculada políticamente a una familia cuya trayectoria pública ha mantenido cercanía histórica con sectores alejados del conservadurismo estadounidense resulta, como mínimo, cuestionable.
Los Fernández han mantenido vínculos públicos ampliamente documentados con Bill Clinton y Hillary Clinton. Además, el historial político del expresidente Leonel Fernández y ciertas posturas regionales asociadas a su entorno generan interrogantes legítimas sobre la coherencia simbólica de ofrecer ese espacio dentro de una plataforma como CPAC.
Aquí no se trata de excluir diálogo ni de construir cámaras de eco.
Se trata de consistencia.
Las plataformas políticas comunican mensajes.
Los invitados validan narrativas.
Los podios otorgan legitimidad.
Y cuando una conferencia como CPAC desembarca por primera vez en Puerto Rico mezclando figuras ideológicamente incompatibles bajo un mismo paraguas, el mensaje que proyecta es preocupante: que el conservadurismo también puede convertirse en accesorio de conveniencia.
Eso sería un error estratégico enorme.
Puerto Rico necesita, más que nunca, una estructura conservadora seria.
Necesita una plataforma republicana auténtica, institucional y doctrinalmente coherente.
Necesita líderes que entiendan que ser conservador no consiste en aparecer en eventos de moda ni utilizar branding ideológico según convenga electoralmente.
Consiste en defender principios incluso cuando no resultan cómodos.
Libre empresa.
Disciplina fiscal.
Gobierno limitado.
Orden institucional.
Seguridad pública.
Fortalecimiento del vínculo con Estados Unidos.
Responsabilidad individual.
Sin complejos.
Sin disfraces.
Sin oportunismo.
Mientras la política puertorriqueña continúe secuestrada por partidos construidos alrededor del estatus y no de ideas, seguiremos viendo estas contradicciones una y otra vez.
Y eventos que pudieron marcar un punto de inflexión terminarán convertidos en otra postal del caos ideológico boricua.
La llegada de CPAC a Puerto Rico pudo haber sido una oportunidad extraordinaria.
Todavía puede serlo.
Pero para eso hace falta algo que históricamente ha escaseado en nuestra clase política: claridad ideológica.
Sin eso, corremos el riesgo de convertir una plataforma seria en otro escenario local de relaciones públicas.
Y el conservadurismo en Puerto Rico merece mucho más que eso.
Por-LowQ