“EL REPUBLICANISMO EN PUERTO RICO NO TIENE DUEÑOS”
Thu,21 May 2026 22:02:00- Font Size
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El problema más grande que enfrenta hoy el movimiento conservador y republicano en Puerto Rico no es la izquierda radical ni el independentismo tradicional. El verdadero problema es el intento desesperado de ciertos grupos de querer controlar quién puede hablar, quién puede opinar y quién representa el republicanismo boricua. Y ahí es donde figuras cercanas al grupo de Thomas Rivera Schatz, guiados políticamente por Carlos Mercader, han cometido un error monumental.
Mientras pretenden venderse como los guardianes del conservadurismo americano en Puerto Rico, terminan organizando eventos que invitan precisamente a figuras vinculadas naturalmente al independentismo y al discurso antiamericano. Esa contradicción no solamente fue evidente, sino que quedó expuesta en un evento que no logró llenar expectativas, que careció del impacto nacional prometido y que terminó convirtiéndose más en un espectáculo de egos y guerras internas que en una verdadera celebración de los valores republicanos y conservadores.
Y mientras ese fracaso intentaba maquillarse mediáticamente, comenzó la guerra política contra el Partido Republicano de Puerto Rico y contra figuras como Zoraida Fonalledas, utilizando presión política, ataques coordinados, manipulación narrativa y todos los actores posibles para intentar desacreditar a quienes no se alinean con el control absoluto de ciertos sectores. Porque aquí el problema no es ideológico. El problema es el control.
Carlos Mercader , si aquel que apoyó y formó parte del gabinete de Ricardo Roselló, gobernador, que tuvo que salir huyendo y que quedó ante el mundo muy mal parado, el que apoyó leyes y políticas de la agenda 2030 y que cayó ante la política woke quien constantemente se presenta como analista político, decidió incluso entrar al ruedo político de Florida atacando a los puertorriqueños republicanos allá, diciendo que “se creen más que el mojón que caga el águila”. Una expresión vulgar y ofensiva que demuestra el nivel de desprecio hacia miles de puertorriqueños que sí tienen algo que en Puerto Rico todavía no existe: voz y voto presidencial.
Porque esos puertorriqueños republicanos en Florida votan por el presidente de los Estados Unidos. Votan por senadores. Votan por congresistas. Deciden elecciones nacionales. Mientras tanto, muchos de los sectores que Mercader pretende representar en Puerto Rico viven atrapados en un territorio sin representación plena, sin voto presidencial y dependiendo políticamente de las decisiones federales que otros toman.
La ironía es brutal. Se critica a quienes participan activamente del sistema americano mientras se pretende controlar el discurso republicano desde una posición donde ni siquiera existe poder electoral federal real.
El republicanismo puertorriqueño no pertenece a un grupo, a un apellido ni a una maquinaria política. Pertenece a las ideas, al debate libre y a quienes verdaderamente creen en los valores de Estados Unidos y la democracia representativa.